Mi otro trabajo consiste en vender la ropa que mi mujer no usa. “Me he equivocado con la talla del vestido”. A sacarle unas buenas fotos y a colgarlo en internet. Me saco un buen dinero que luego invierto en comprarle más ropa, para colgarla otra vez en internet: es como una espiral.
Un buen día mi mujer descubrió que también se podía comprar ropa por internet, que no hacía falta perder el tiempo yendo a unos grandes almacenes: con unos cuántos clics ya tenías el armario lleno y si no tenía hueco, pues se quedaba con parte del mío y asunto concluido. ¿Qué necesita más espacio? Sin problemas: bajo mi ropa al trastero y ya está. Lo siguiente será pedirle al vecino que me guarde mi ropa en su casa. Todo se andará.
El otro día me enseñó el móvil: “mira esta tienda online ropa polo mujer, tiene prendas súper baratas”. “Pues llévate tres de cada”, respondí yo. Durante unos segundos pareció sopesar mi consejo… hasta que entendió la broma (o no).
Y es que comprar ropa por internet sigue sin resolver un problema: la talla. Por mucho que uno use la M, por ejemplo, sabemos que no hay dos M iguales: lo que en una tienda queda bien, en otra queda pequeño, o grande. Así es que acertar con la talla comprando ropa por internet sigue siendo complejo. Si no aciertas siempre lo puedes devolver, claro: pero siempre lleva tiempo. La otra opción es que tu marido ejerza ‘profesionalmente’ la venta de ropa por internet, como es mi caso.
Vender ropa (o cualquier otro producto) en internet de forma aficionada es todo un arte. Y una vez que te metes ello te engancha. Es una forma de dar salida a todas esas cosas que no usas, ganando un dinero. Y además se conoce gente: por eso tiene tanto éxito.
La última vez que mi mujer compró en tienda online ropa polo mujer, probó las prendas que había adquirido y todo le quedaba como un guante. Por mucho que yo le dije “pues esta falda te queda un poco larga”, nada, ella no cayó en la trampa. Me he quedado sin género para vender… hasta la próxima compra.