Enganchados a la segunda mano 

A mí no me gustaba mucho comprar cosas de segunda mano, quizás algo de ropa, pero poco más. Fue cuando empezaron a proliferar todas esas aplicaciones para comprar y vender cosas usadas cuando me decidí a probar. Primero por necesidad. Nos habían regalado un robot de cocina muy bueno… que no usábamos. Era el típico cachivache que teníamos en casa que era muy bonito y promete ser muy útil pero que necesita una mínima lectura de sus instrucciones, que nadie parecía dispuesto a hacer.

Al principio nos daba pena venderlo, pero cuando le enseñé los precios que se estaba pagando por Robots de cocina baratos en internet, mi mujer también estuvo de acuerdo en intentar venderlo ya que, en este caso, se trataba de un robot sin apenas uso y de último modelo. En cuanto lo puse a la venta, varias personas me preguntaron por él. Me anduve con ojo para comparar primero los precios de productos de este tipo y de su generación. Porque algunos robots de cocina son como los móviles, cada año o así se renuevan… y son más caros. 

Por eso puse un precio que en principio podía parecer caro en comparación con otros Robots de cocina baratos pero que estaba “dentro del mercado”. Así que al principio recibí algunas preguntas pero nadie se interesó directamente por comprarlo. Supongo que desconfiaban de un precio tan alto en comparación con otros robots. Pero, finalmente, una mujer parecía dispuesta a comprar pero quería probarlo antes de nada, lo cual me pareció lógico. 

Vino a casa lo chequeó muy pormenorizadamente y le dio el visto bueno. Nos sirvió también para saber muchas más cosas sobre nuestro robot: estaba claro que aquella mujer sabía lo que se hacía y que no era la primera vez que tenía uno de esos. Y al final lo compró. Aquello me sirvió para dar salida a bastantes cosas que tenía almacenadas: me enganché a la segunda mano, pero más bien como vendedor que como comprador. Y al tener buenas valoraciones, a partir de aquel momento me resultó más fácil vender.