No me gusta pedir ayuda, pero cuando algo no funciona y lo sigues intentando por tus propios medios y sigue sin funcionar, te encuentras ante dos opciones: o lo dejas, o pides ayuda. Finalmente opté por pedir ayuda. Así que por primera vez en mi vida he acudido a un nutricionista. La experiencia por el momento está siendo un tanto extraña.
Acudí a esta chica porque es la que aparece en mi seguro, así que no la elegí yo. No dudo de su profesionalidad, pero conmigo tiene una actitud un tanto fría, todo lo contrario de otras personas que acuden a su consulta. ¿Que cómo lo sé? Resulta que en la sala de espera de la consulta se oye (casi) todo lo que se dice dentro. Y en estas primeras citas la chica no me dedica más de 2 minutos mientras que con otras personas habla de lo divino y lo humano.
Pero me quedaré con lo bueno, esta dieta me está sirviendo para probar muchos nuevos sabores, intentando no salirme de los esquemas que me ha propuesto. Como debo comer mucho pescado, sobre todo para cenar, estoy probando cosas nuevas, como la ventresca de atún claro en aceite de oliva. Nunca he sido un gran fan del atún, pero teniendo en cuenta lo difícil que me lo pone la dieta con los sabores más clásicos he tenido que empezar a mirar un poco más allá de lo habitual.
A pesar de que la nutricionista no insiste mucho, de momento, en que haga esto o lo otro, de alguna manera me siento presionado, que es supongo uno de los objetivos que tenemos cuando acudimos a un dietista a adelgazar: viene a ser como el profe que nos riñe si lo hacemos mal. No quiero que me riña en la próxima cita, así que hago lo que sea para perder peso, incluso comiendo ventresca de atún claro en aceite de oliva, algo a lo que no estoy acostumbrado.
Veremos qué pasa en unos meses porque acabo de empezar. Ta vez nos soltemos los dos y acabemos hablando también de lo divino y lo humano. Pero tampoco sin pasarse que en la sala de espera se oye todo.