Categoría: Conservas gourmet

Breve historia de la conserva de alimentos

El origen de la conserva de alimentos se remonta 4 mil años en el tiempo, hasta los primeros registros hallados en la ciudad palestina de Jericó. Se estima que su descubrimiento fue el resultado de la casualidad: los antiguos comprendieron que el secado del trigo, la cebada y otros alimentos alargaba su vida útil, y perpetuaron esta práctica.

 

Antes del surgimiento de la industria conservera en el siglo XVIII y de la aparición de las Conservas de la real Conservera Española, La Brújula, Don Bocarte y otras marcas, el confitero parisino Nicolas Appert comenzó en 1795 a hervir y encerrar alimentos en tarros herméticos, siendo estas las primeras conservas tal como las conocemos en la actualidad.

 

Más de medio siglo después, en 1860, el químico Louis Pasteur razonaría el principio detrás de este método de conservación: las altas temperaturas y el cierre hermético eliminaba los microorganismos responsables del deterioro de los alimentos, sin afectar a su sabor.

 

Curiosamente, los historiadores consideran a Napoleón Bonaparte el impulsor de la industria conservera, por su influencia en el proceso revolucionario que conduciría al arresto del citado Appert, cuyo encarcelamiento conduciría a este a reflexionar acerca del modo de prolongar la utilidad de los alimentos.

 

Posteriormente, Philippe de Girand y Peter Durand perfeccionarían de manera significativa los tarros de conserva de Appert, con el empleo de un material más apto para el transporte: los envases de hojalata.

Los ‘secretos’ de los alimentos en conserva no arribarían a España hasta 1840, en realidad ‘naufragarían’ en el mejor de los sentidos, pues su introducción en Galicia fue obra del encallamiento de un barco francés en las costas de Finisterre. A raíz de este afortunado incidente, despegaría la industria conservera más valorada y prestigiosa del mundo, como año tras año queda patente en el ranking World’s 101 Best Canned Fish, coronado por productos conserveros elaborados en Galicia.

Nuevos sabores

No me gusta pedir ayuda, pero cuando algo no funciona y lo sigues intentando por tus propios medios y sigue sin funcionar, te encuentras ante dos opciones: o lo dejas, o pides ayuda. Finalmente opté por pedir ayuda. Así que por primera vez en mi vida he acudido a un nutricionista. La experiencia por el momento está siendo un tanto extraña. 

Acudí a esta chica porque es la que aparece en mi seguro, así que no la elegí yo. No dudo de su profesionalidad, pero conmigo tiene una actitud un tanto fría, todo lo contrario de otras personas que acuden a su consulta. ¿Que cómo lo sé? Resulta que en la sala de espera de la consulta se oye (casi) todo lo que se dice dentro. Y en estas primeras citas la chica no me dedica más de 2 minutos mientras que con otras personas habla de lo divino y lo humano.

Pero me quedaré con lo bueno, esta dieta me está sirviendo para probar muchos nuevos sabores, intentando no salirme de los esquemas que me ha propuesto. Como debo comer mucho pescado, sobre todo para cenar, estoy probando cosas nuevas, como la ventresca de atún claro en aceite de oliva. Nunca he sido un gran fan del atún, pero teniendo en cuenta lo difícil que me lo pone la dieta con los sabores más clásicos he tenido que empezar a mirar un poco más allá de lo habitual.

A pesar de que la nutricionista no insiste mucho, de momento, en que haga esto o lo otro, de alguna manera me siento presionado, que es supongo uno de los objetivos que tenemos cuando acudimos a un dietista a adelgazar: viene a ser como el profe que nos riñe si lo hacemos mal. No quiero que me riña en la próxima cita, así que hago lo que sea para perder peso, incluso comiendo ventresca de atún claro en aceite de oliva, algo a lo que no estoy acostumbrado.

Veremos qué pasa en unos meses porque acabo de empezar. Ta vez nos soltemos los dos y acabemos hablando también de lo divino y lo humano. Pero tampoco sin pasarse que en la sala de espera se oye todo.